Dubrovnik, 2025.

Croacia estuvo en mi lista de lugares por visitar desde que, en Navidad, mi abuela me habló del azul del Adriático y de las murallas de piedra de Dubrovnik, con una sonrisa en la cara.

Recuerdo llegar un jueves por la tarde, ver el mar desde mi cuarto y entender por qué los ojos le brillaban. Jamás había visto un azul tan profundo.

En las islas Elaphiti, el tiempo se detuvo por completo. Recuerdo aventarme al mar y sentir el frío del agua en abril. Recuerdo platicar con un viejo noruego sobre sus viajes e intentar convencerlo de que fuera a México. Recuerdo llenarme de vino y pescado, sin prisa y sin culpa.

Recuerdo sentir que, por unos días, la vida no me pedía nada más que estar ahí. Recuerdo el silencio de mi soledad, la paz de viajar solo y la gratitud de estar conmigo mismo.

Recuerdo mirar atardeceres, escuchar idiomas nuevos y estar en silencio durante días enteros.

Croacia siempre tendrá un lugar especial en mi corazón.

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