Noruega, 2025.
Viajar incómodo es lo mejor que he hecho.
Uno de los viajes que más me emocionaban era recorrer Noruega.
Y eso fue justo lo que hice por poco más de una semana. Era abril y la oscuridad de los primeros meses del año lentamente empezaba a retirarse, dando espacio a las flores, árboles y ríos que florecían por donde pasábamos.
Para mi, abril implicó que había suficiente luz de día para empezar a recorrer carreteras en carro.
Rentamos una diminuta camioneta Mazda, donde apenas cabían nuestras maletas y casas de campaña. Éramos cinco integrantes de diferentes nacionalidades. Eduardo, mi copiloto, fue encargado de las direcciones. Liam, Mike y Sebas eran encargados de la plática y los snacks. Fueron horas de pláticas muy profundas y algunas muy banales. Reímos cuando, en un ferry de aguas internacionales, compramos suficientes cervezas para dos meses. Dichas cervezas volvieron el último tirón del viaje más incómodo, pero nuestras tardes más divertidas. Nos congelamos en nuestro primer intento de campamento y algunos optaron por dormir en el carro.
Subimos suficientes montañas y vimos tanta pero tanta naturaleza que incluso en una semana pude crear suficientes recuerdos que me duraran una vida.
Recorrimos cerca de 3,200 kilómetros, donde vi más cascadas y fiordos de los que puedo recordar. Nadé en mares eternamente fríos y comí pasta al pesto tantas veces que, hasta el día de hoy, no he encontrado una que sepa mejor que la que cocinó Mike antes de montar las casas de campaña en Trolltunga.
Todo lo capturé con una pequeña cámara de rollo. Aunque las fotos jamás podrán hacerle justicia a lo que fue mi viaje favorito de 2025.