Mapa Mental |agosto, 2026.


No lo entiendo…

Tengo toda una vida mintiendo:

digo estar enamorado del movimiento,

solo para estresarme con el silencio.

Me falta el aire cuando no me muevo

y la palabra autocompasión apenas y la entiendo.

Me encuentro escalando, corriendo, escribiendo…

Pero ¿realmente lo amo

o solo estoy huyendo?

Es raro vivir conmigo mismo.

La urgencia, que se coló como idea,

hoy secuestra a mi valía.

¿Por qué creí la mentira?

No tienes que crear, correr o escalar para valer.

No puedes llegar tarde a tu propia vida

ni corriendo de ella.

Cuando el miedo a no ser suficiente me nubla la visión,

cuando olvido que ya existo y no es necesario probarlo,

la autocompasión deja de ser y empiezo a desconfiar.

Mis expectativas son imposibles de alcanzar.

Medir mi valor con lo que logro, creo o hago

me aterra.

¿Hasta qué punto es sostenible?

Algún día tendré que renunciar.

No es el hacer la condena:

es el arrepentimiento la eterna sentencia.

Entonces,

¿esta contradicción me hace o me condena?

Que locura…

—No, no mames, Emilio. Es una locura . Le dije en voz alta cuando me dijo que corriéramos cien kilómetros.

—Pero va a estar bien chingón, te lo juro.

—Aún ni termino la temporada de americano. Dame chance de asentarme, de vivir, de relajarme un rato… no sé.

Lo estoy diciendo con algo de miedo porque en mi cabeza sigue la eterna pregunta: ¿hasta cuándo será suficiente?

—¿Un Iron man y 100 kilómetros? ¿El mismo año? Estás mal de la cabeza…

—O lo puedes ver como un año inolvidable, tú decides.

—El problema es que ambas respuestas son correctas.

Entonces, ya sé la respuesta…

Ni de broma voy a estar sin hacer nada ocho semanas. Apenas llevo tres y ya estoy cerca de sacarme los ojos de las cuencas. No puedo hacer ejercicio. Los días se pasan volando en medio de páginas y viento soplando. La desesperación y la impaciencia ya empezaron a causar estragos en mi ánimo.

Camino como cojo, renqueando y arrastrando uno de mis pies. Parezco caricatura, aunque mi padre insista en que es una señal para detenerme un poco…

Hace frío afuera; la lluvia ha empezado un poco más tarde este año. Ya le dije a mis amigos que eso significa que septiembre se nublará, pero igual eso los tiene sin cuidado. Hoy decidí que no estaba tan lastimado como pensaba. Me duele el tobillo, claro. Pero eso no significa que no haré nada. Saldré a caminar un rato, a ver los pájaros volar o qué sé yo. Quizás vaya más bien al gimnasio, o puede ser buena idea empezar a escribir algo.

Lo que sea que me distraiga.

En la semana estuve pensando de más: pensar y pensar y pensar. Le di una y otra vuelta. Me fui por arriba, abajo, a un lado, al pasado y al futuro. Cuestioné mis decisiones y, terminé en el mismo lugar de siempre: ahuyentando a la autocompasión.

Pues claro que no es justo, pensé.

Y no, tampoco me pareció…, me dije.

Pero ni modo que cambie quién soy. Solo así se afronta la vida: haciendo el mejor de nuestros esfuerzos, incluso cuando las circunstancias no nos parecen. Y no, no fue algo que inventé; en realidad fue algo que me enseñaron. Algo que leí que me decía que debía mantener la integridad cuando las cosas no salen. Porque sí, mi primera reacción sigue siendo enojarme, hacer berrinche y patalear por lo que no me parece, pero no es quien quiero ser.

Entonces, aquí estoy: inscrito una vez más.


Lista de libros | agosto 2026.


La Quinta Montaña. -Paulo Coelho.

Agosto fue un mes de lectura muy corto.

Empecé leyendo dos libros durante los primeros días del mes para después no abrir una sola página durante casi dos semanas.

Altas y bajas: como todo en la vida.

Las dos lecturas fueron bastante sencillas. Apenas y me robaron unos minutos de mi tiempo y ninguna superaba las doscientas páginas.

Empecé leyendo a Paulo Coelho, un autor bastante controversial dentro del mundo de la literatura. Sus obras suelen ser descalificadas por intelectuales que critican su “falta de profundidad” o sus “páginas plagadas de eslóganes motivacionales”.

Y aunque puedo entender a quienes no disfrutan de sus libros, también entiendo perfectamente a quienes leen al autor brasileño año con año.

No siempre necesitas leer un libro complejo, lleno de simbolismos y lecciones. A veces una lectura sencilla es precisamente lo que necesitas para volver a enamorarte de los libros después de abandonar el hábito.

Puede carecer de profundidad. Y está bien.

No siempre s necesita una gran revelación ni una explicación para todo. A veces basta con un recordatorio, una sonrisa o una palmada en la espalda.

Sin complicaciones. Sin demasiadas explicaciones.

Y este libro es precisamente eso: un libro fácil.

No se complica en la prosa ni pretende cambiarte la vida. Como es costumbre en los libros de Coelho, la historia gira alrededor de la religión, el amor y el propósito.

Seguimos la historia de un profeta expulsado de su tierra que, poco a poco, comienza a enamorarse de un pueblo que no es el suyo. Allí aprende a reconstruir su vida, encuentra nuevas razones para quedarse y, eventualmente, vuelve a preguntarse cuál es su propósito.

No tardarías más de una semana en terminarlo.

Así que, si necesitas un descanso de lecturas pesadas, estás intentando volver a leer después de un tiempo o simplemente buscas un libro para llevarte a la playa, La Quinta Montaña puede ser una gran opción.

La Muerte de Iván Ilich. -Leo Tolstoy.

Ahora sí, vámonos con el libro interesante del mes…

Este libro fue mi primer acercamiento a la literatura rusa. Un pequeño preámbulo de un género que pretendo explorar más adelante este mismo año.

Fue mi introducción al tono de voz de autores rusos de una época tan distante a la mía. Y empecé con un tema al que todos, tarde o temprano, terminamos enfrentándonos: la muerte.

Este pequeñísimo libro narra de forma magistral la vida y la muerte de un aristócrata que pasó años viviendo sin propósito.

Es un acercamiento a la muerte frío y, en ocasiones, también crudo. Se siente casi como una advertencia de lo que puede pasarnos si dejamos de cuestionar la vida que estamos viviendo y de pelear por aquella que realmente queremos.

Es extraño leer un texto escrito hace ciento cuarenta años y darse cuenta de que no mucho ha cambiado.

Seguimos pretendiendo. Seguimos preocupándonos por las opiniones ajenas. Seguimos construyendo una vida que no nos gusta por intentar encajar en una sociedad que, honestamente, está demasiado ocupada como para preocuparse por nosotros.

Y quizá eso sea lo que más me sorprendió del libro.

Me sorprende la cantidad de formas que encuentra el autor para describir el dolor de un ser humano. Me sorprende la crudeza con la que narra la muerte. Pero me sorprende todavía más haber tardado tanto tiempo en empezarlo.

Este sí es un libro que considero que todos deberíamos leer al menos una vez en la vida.

Es un gran libro que habla sobre la importancia de vivir una vida auténtica y, sobre todo, es un recordatorio de lo rápido que se nos puede ir la vida cuando dejamos de cuidarla.



Como siempre, eres bienvenido a mandar cualquier recomendación, duda o comentario. Y si alguno de estos libros te llama la atención, no te quedes con eso —recomiéndaselo a alguien. El mundo necesita más personas leyendo.

Nos vemos pronto, abrazo.

—Sebastián S.

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Mapa Mental | julio, 2026.