Siento miedo…

Otra vez este sentimiento en mi pecho… son solo emociones me repito. Pero aunque las nombro no se van.

Estoy en mi escritorio intentando ponerle voz a todo lo que siento. Escribo en mi cuaderno para después romper las hojas. Se siente caliente en el pecho, un nudo en la garganta, frío hasta en los codos… ¿es miedo?

Tengo ganas de comerme el mundo y no sé por donde empezar. Entre mis dudas, los retos que aún son autoimpuestos y lo que siento que ya debería estar haciendo, me cuesta enfocarme.

Tomé el teléfono y le mandé mensaje a mi papá. Necesito ayuda… no sé qué quiero hacer con mi vida. Mi beca se acaba en diciembre, después de eso toca independizarme.

—Supongo que sí, tengo rato sintiendo esto.

—¿Qué te da miedo, el futuro?

—Pues no es el futuro, es que no sé por donde empezar. No sé cuál es mi camino, ¿sabes?

—El único camino correcto es el que tomes, es el único que existe.

—Pero necesito ayuda, no sé qué hacer.

Entre las hojas rotas y la tinta de mi cuaderno, está mi plan para estos seis meses que vienen. Son algunos proyectos propios, habilidades a desarrollar y algunas cartas de recomendación que me han dado y pienso pedir. Ni siquiera sé si es el mejor plan, pero mientras escribía, el miedo se fue. Quizás eso es suficiente por ahora.

Siento miedo a la comparación inevitable, siento miedo a lo que pienso que debería de estar haciendo. Siento miedo a mi mismo.

Apenas van dos días de mis últimas vacaciones, antes de que se conviertan en desempleo y ya me estoy volviendo loco. Tenía rato evitando pensar en el futuro.

¿Cuando es suficiente?

Puse mis manos en la barra y sentí el frío del metal.

Estoy sudando por el calentamiento, pero el peso se sintió más ligero el día de hoy. Ciento quince kilos me separan de mi meta, pero hoy todavía siento que hacer levantamientos olímpicos es un reto más mental que físico.

—Ni siquiera es tanto, me repito.

Cerré los ojos, respiré y la barra se sintió ligera. La subí a mis clavículas y di dos pasos hacía adelante. Una vez contó la repetición, la azoté al suelo. No fue la mejor forma, pero saqué la repetición.

—Ahuevo, cabrón.

—Ya llegué a las mil libras, wey

—¿Neta? Felicidades wey

—Gracias perry.

De camino a mi carro, la emoción ya tenía rato que se había evaporado. Tenía cinco años persiguiendo esta meta y sentí felicidad un total de dos minutos. ¿Cuando va a ser suficiente?

Solo podía pensar en que debí de haber intentado los 120 kilos.

Me da miedo mi ambición, pienso en todo lo que quiero hacer, todo lo que todavía no he empezado y siento miedo. La pregunta no es si puedo hacerlo, la pregunta es ¿qué pasa si consigo todo lo que quiero y aun así no es suficiente?

Mi cabeza urgida por saber quería una respuesta. Ni el semáforo inútil a un lado de la gasolinera ni yo sabíamos en ese momento por qué existíamos.

Estoy tan acostumbrado a exigirme, a no celebrar mis metas, honestamente lo sentí como un día más. ¿Y si ese es mi problema?

Se puso por fin en verde y seguí de camino a mi casa.

¿Y si ya es suficiente y simplemente no se como verlo?


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Siempre he sido amante de las flores…