Nevado de Colima, 2024.
23 de noviembre, 2024.
El día siguiente de haber corrido mis primeros 30 km y pensar que me iba a morir, subí el nevado de Colima.
Era un sábado de noviembre. Hacía frío. Terminó siendo una de mis aventuras del año favoritas.
Subimos en la camioneta de mi amigo. Yo estaba a dos meses de irme de intercambio y quería exprimir todas las experiencias que pudiera antes de irme.
El nevado de Colima es una de las cinco montañas escalables más altas de México. Pero no sé si lo consideraría un reto — es más una experiencia que siempre recomendaría
.
Acampamos bajo el mar de estrellas que solo es visible a las afueras de la ciudad. Donde la luz es inexistente y los animales aún se escuchan.
Me senté en la fogata junto a tres desconocidos y dos amigos. Hablamos toda la noche de cosas que nos dolían y de por qué hacíamos ejercicio. Hablamos del futuro y de nuestros miedos.
Me pareció muy curioso hablar de estas cosas con gente que apenas conocía.
Al escuchar las historias de todos me di cuenta que no estaba solo en mi sufrimiento. Que la experiencia humana, aunque es única, no es especial.
Ese dolor que sentía, más personas lo habían sentido. No me hizo sentir mejor, pero me hizo sentirme acompañado
.
Despertamos a 0° grados y subimos antes del amanecer.
Fue mi amanecer favorito de todo el año. Estábamos encima de las nubes, solo escuchaba viento y risas. El cielo estaba rosa y mi corazón estaba lleno.
Durante el ascenso no pensaba en el maratón que iba a correr. Pensaba en lo afortunado que era de existir y en el privilegio que es respirar.
En la cumbre me senté un rato a pedir fortaleza y dirección.
No hubo respuesta.
Es parte del trato.
Solo haces lo que te toca y esperas que pase lo mejor.