Be Still by The Killers
Todas las canciones mencionadas están aquí:
La música siempre ha sido una parte muy importante de mi vida.
Es difícil describir un sentimiento que, en realidad, no tiene nombre. Podría decir que disfruto la música, pero no es exactamente la palabra que busco.
¿Es pasión?
No sé si puedes llamarte apasionado si después de un año de piano lo dejas y solo logras aprenderte una canción… que además ya olvidaste.
¿Amor?
Se acerca más.
¿Saudade?
Quizás.
Sigo creyendo que el lenguaje humano no alcanza a capturar la complejidad de lo que sentimos todos los días.
¿Cómo se llama cuando escuchas una canción tan buena que necesitas compartirla con alguien para que sienta lo mismo que tú?
¿Cómo explico lo que siento cuando suena The Killers en la radio?
¿Cómo le dices a alguien que una canción te salvó la vida sin sonar pretencioso?
No estoy seguro de qué fue exactamente lo que me atrapó tanto de la música. Pero sí estoy seguro de que la música —casi— logra encapsular todo lo que siento.
Quizá mi amor a la música corre por mi ADN… Tal vez mis ancestros se sentaban alrededor del fuego a cantar, y ahora yo estoy aquí intentando explicar por qué un sintetizador puede sonar tan bien… o por qué me enamoro un poco cuando una mujer me dice que le encanta el disco de Battle Born.
De cualquier manera, la música ha estado presente en mi vida de una forma casi omnipresente.
Me impresiona cómo puedo recordar canciones exactas para describir años o etapas enteras.
The Color Violet me hace volver a Los Cabos, manejando de noche por la carretera.
My Way de Sinatra me recuerda a Mi primer maratón.
Arcade Fire me lleva al departamento de soltero de mi papá y a mis primeras temporadas de fútbol americano.
Mecano me recuerda a mi madre y su risa incesante.
La música tiene esa extraña capacidad de convertirse en memoria, esperanza, alegría o tristeza.
Es algo que no logro comprender del todo, pero quizás de eso se trata: de disfrutar el misterio.
Be still by The Killers.
¿Me creerías si te dijera que una canción me salvó la vida? ¿Suena poético no?
Pues si.
Pero más o menos así fue.
Conocí a The Killers después de que mi mamá me regalara un PSP porque mi necedad la convenció de que un aparato con videojuegos era lo mejor que le podía pasar a un niño de seis años.
Entre muchas de las descargas ilegales que le hice a ese aparato, por accidente —o por destino— estaba una canción de quien hasta hoy sigue siendo mi grupo favorito: Somebody Told Me de The Killers.
Recuerdo hablar con mi papá al respecto. Todavía tenía el pelo de casco y me preocupaba más por ganarle los tazos a mis amigos en la escuela que por graduarme o conseguir trabajo.
Mi papá, que siempre ha sido muy apasionado de la música, se tomó el tiempo de explicarme quiénes eran.
—Son de Las Vegas.
¿Dónde es eso?
—El cantante se llama Brandon Flowers.
Lo vi en la foto del disco.
—Tiene el pelo igual que yo.
Mi papá se rió.
—Van a venir a Guadalajara en noviembre.
Bingo.
Después de esa conversación escuché Somebody Told Me muchas más veces de las que recuerdo.
Con el tiempo llegaron otras canciones, otros discos, otros conciertos.
Los he visto cinco veces en Guadalajara.
La primera vez tenía seis años.
La última, veinte y fui con una ex novia.
Entre una y otra pasó prácticamente toda mi vida.
Y, curiosamente, una de las canciones que más terminó quedándose conmigo no fue Somebody Told Me.
Fue otra.
Be Still.
Battle Born
En enero de 2010, The Killers anunció que se tomaría un receso. Yo tenía siete años y recuerdo que mis hermanos me molestaban porque mi grupo favorito “se había separado”. Incluso recuerdo haber llorado.
Lo que yo no sabía —y ellos tampoco del todo— era que el receso no era un final. Era el inicio de algo necesario.
Brandon Flowers, el vocalista grabó un disco en solitario. El bajista Mark Stoermer grabó otro. El baterista Ronnie Vannucci formó una banda paralela llamada Big Talk y Dave Keuning, el guitarrista y fundador, se fue a casa a estar con su familia.
Cada uno tuvo que salir a enfrentarse a sí mismo antes de poder volver a producir un disco juntos.
Todos tomaron un camino distinto durante esa separación. El grupo nacido en Nevada terminó disperso por todo el país.
No todo fue malo. Algunas canciones del disco solista de Brandon Flowers, Flamingo (2010), como Jilted Lovers & Broken Hearts o Crossfire, están entre mis favoritas de ese proyecto y recibieron varios reconocimientos. Ronnie Vannucci exploró nuevos géneros con Big Talk, y lo mismo ocurrió con Mark y Dave en sus propios proyectos.
Lo mejor fue que dos años después regresaron. Y anunciaron su nuevo disco:
El cuarto álbum se llamó Battle Born —“nacido en la batalla”—, que es el lema del estado de Nevada grabado en su bandera. También es el nombre del estudio en Las Vegas donde grabaron la mayor parte del disco.
La penúltima canción del álbum —de doce en total— se llama Be Still. La escribió Brandon Flowers con el productor Daniel Lanois en Silver Lake, Los Ángeles.
Flowers diría después que la canción surgió de querer algo diferente: un momento de quietud en medio del ruido de los conciertos.
Quietud.
Qué bonita palabra.
La habilidad de mantener la calma en medio del caos.
Battle Born fue publicado el 18 de septiembre de 2012.
En ese momento yo terminaba mi primera temporada de fútbol americano en mi primer equipo de fútbol americano. Tenía nueve años y ninguna idea de lo que esa canción me haría sentir diez años después.
19 de septiembre de 2022
Segundo mes de universidad y ya me había convencido de que todo estaba mal. No me gustaba la carrera. Estaba sentado en la banca en fútbol americano — el deporte que había practicado toda mi vida. Acababa de empezar terapia, lo que significaba enfrentarme a cosas que llevaba meses, quizá años, ignorando. Y le estaba rogando amor a una persona que ya me había dejado claro, de todas las formas posibles, que no lo iba a recibir.
Creía que sufría. Y era verdad.
Lo que no sabía entonces — y solo entiendo ahora — es que también estaba buscando un ancla. Algo a qué aferrarme mientras aprendía a sostenerme solo por primera vez. No tenía claridad, no tenía respuestas. Solo tenía muchas preguntas y muy pocas herramientas para responderlas.
Ese martes salí de mi casa con las manos congeladas y los ojos llorosos. De camino a la universidad sonaba Be Still en repeat.
And may your limits be unknown
And may your efforts be your own
If you ever feel you can't take it anymore
Don't break character
You've got a lot of heart
Me repetía la canción como disco rayado para darme fuerza. Me la repetía para ver si así me convencía de que todo iba a estar bien.
En ese momento quizás lo veía como un problema, pero hoy entiendo que todos pasamos por algo similar. Sencillamente estaba aprendiendo —torpemente, dolorosamente— a encontrar mi propio camino. A pararme en mis propios pies. A sentir.
A no desistir.
When they knock you down
Don't break character
You've got a lot of heart
Después de varios meses en mi bucle, muchas mentadas de madre mi psicóloga y una que otra lloradita, empecé a cambiar mi vida.
Recuerdo al día siguiente levantarme y decidir que ya estaba harto. Que podía con esa situación. Además no estaba solo, tenía a mis amigos, un mantra que me repetía en forma de canción y mucho pero mucho corazón.
Claramente el cambio no fue inmediato, más bien empecé a tomar pequeñas decisiones, torpes inclusive que me ayudaron a salir de mi cabeza y afrontar la realidad.
La canción no me salvó en un día. Ni en dos o cinco. Simplemente me acompañó.
Me acompañó en una etapa que en ese entonces consideré difícil y hoy solo veo con alegría. Me acompañó a tolerarme y a pararme en mis propios pies.
Fue mi mantra durante meses. Me repetía una y otra vez:
Don't break character.
No te rindas.
Al terminar esa temporada de fútbol americano, recuerdo sentarme solo en la banca con las luces apagadas. El estadio vacío. Y prometerme que no iba a pasar igual. Que yo iba a ser mejor — costara lo que costara.
La siguiente temporada nos fue peor.
Pero yo estaba más fuerte.
Eso es lo que hizo la canción. No cambió las circunstancias. Me ayudó a encontrarme y a cambiar.
Pareciera absurdo decir que una canción salva, pero basta con asistir a un concierto para entender que la música nos hace sentir cosas que aún no tienen palabras.
Basta con preguntarle a una persona porque una canción es su favorita para darte cuenta que todos tenemos una historia que contar.
La música sigue siendo un misterio, podemos razonar las notas y las melodías pero no hay manera de razonar una emoción que no tiene nombre.
-Sebastián S.
🎧 Battle Born — Mis canciones favoritas (click para ver)
No encontré lugar para poner esto, pero estas son mis canciones favoritas del disco. Creo que cuando entiendes la historia detrás de cada una, las escuchas distinto.
Runaways
La segunda canción del disco.
Trata de una pareja que se casa luego de que ella queda embarazada. Aunque él no podía asentarse, jura que va a cuidar a los tres. El tiempo pasa y rompe su promesa.
La interpretación de Flowers es maravillosa. La guitarra, el bajo y la batería podrían ser una canción por sí solos.
Recuerdo escucharla en los hombros de mi papá en el segundo concierto al que fui de The Killers y sentir algo que aún no puedo describir.
The Way It Was
De mis canciones favoritas del grupo.
Cuenta la historia de una pareja que se separó. Él carga con la culpa e intenta regresar a lo que eran antes: cuando eran jóvenes, cuando no tenían preocupaciones.
Esa añoranza es una súplica imposible.
En el pasado no hay nada para nosotros
.
Me recuerda al Jetta blanco en 2016. Solo teníamos este disco. Recuerdo entenderle por primera vez a la letra alguna de las veces en las que pensé que me había enamorado.
Here With Me
La cuarta canción del disco.
El video fue dirigido por Tim Burton.
Habla del deseo de tener a alguien cerca… y no poder. De la negación y de la nostalgia.
Maybe we were just too young
Your body was tanned and your hair was long
You showed me your smile and my cares were gone
Deadlines and Commitments
Otra de mis favoritas.
Es una canción que me recuerda mucho a mis papás. Soy muy afortunado de tener padres que me aman incondicionalmente.
Habla de ofrecerle a alguien apoyo total. De decirle: aquí puedes quedarte el tiempo que necesites.
Sin fechas límite. Sin compromisos.
Miss Atomic Bomb
Continuación de Mr. Brightside.
Una historia de infidelidad que sigue doliendo incluso después de haberla superado.
La conexión está en todos lados: la letra, el riff, el video. Es la misma historia… vista desde otro momento.